lunes, 22 de julio de 2013


…y yo estaba ahí y adoraba escuchar. Oía cada día su voz y sus hazañas. Todas y cada una de las acciones del día eran para mí una aventura, un nuevo mundo. Y percibir cómo las emociones se transmitían a través de su voz era emocionante.
Entonces pasaba a la imaginación. Imaginaba su cara de ternura mientras hablábamos de la casa en el mar, el perro y el gato y mirar nuestros ojos al despertar. O creía que su cara estaba siendo dura cuando me contaba acerca de un representante “toca pelotas”.
Le podía ver en mi mente mientras regañaba a una Esther con frases inesperadas, o con cariño halagando el tejido de cabello de marroncito. La sonrisa desbocada con las locuras de Pablito o las tardes de compras con Adri.
…y así pasaba los días. Feliz. Viviendo su mundo y contándole del mío. Intentando poner en él las emociones que él ponía en mí.
Luego todo pasó.
…y así me veo extrañando esos cuentos, mientras el reproductor está en aleatorio y su audio llega a mi oído, contándome cómo una tonta casi lo hace chocar en una rotonda.
Regreso a esos días y revivo la emoción. Me arrepiento, y continúo.

La vida es sabia y yo, por recomendación de él mismo, halaré el hilito rojo que me une a mi destino.

domingo, 30 de junio de 2013

De cuando construimos casas, empezando por el techo

    

    Creo que nunca olvidaré esa vez que un chico me dijo que me gustaba construir casas y empezar por el techo. Obviamente, no soy arquitecto y mis estudios de ingeniería civil los dejé a la mitad… precisamente porque no me gusta hacer las cosas en un orden establecido.
         Luego de un tiempo de haber recibido esa peculiar definición en mi manera de empezar las relaciones, he analizado un poco y he notado que es cierto: me gusta comenzar por el final. Sin embargo, eso no me parece algo negativo en mi personalidad: al contrario, me permite ir disfrutando más del camino, sin pensar mucho en seguir reglas.
         Así mismo como me han dicho que soy mala construyendo, también me han llamado anarquista, de manera que no desecho ambas cualidades en mí, me parecen absolutamente acertadas.
         Es que, si al caso vamos, ¿por qué debemos siempre crear un plan definido para cada cosa que vivimos? ¿Eso no les parece aburrido? Si bien sabemos que lo principal para iniciar una relación son tres pasos básicos: respeto, confianza y comunicación, ¿no son esas las bases? Ya teniendo una base, ¿no se puede construir el techo?
         Justo ahora ando con bases armadas y el techo listo. Estoy construyendo poco a poco unas paredes sólidas, soportando unas bases que desde hace años vinieron creciendo y que, finalmente, hemos decidido resguardar bajo sombra.

         Es aburrido vivir la vida bajo condiciones y forzando las cosas. Si sientes química y quieres arriesgarte, ¿por qué no lanzarte a construir una relación, bajo los parámetros que sean posibles? Es por eso que nunca he sido amiga de los “que hubiese pasado si…”.

martes, 7 de mayo de 2013

Te quiero


Te quiero aunque no pueda decírtelo.
Te quiero porque tarde nos damos cuenta de cuánto somos capaces de sentir.
Te quiero porque no te tengo y tal vez nunca te tuve.
Te quiero porque te siento fuerte en mis latidos.
Te quiero porque te miro y siento que aún tengo vida.
Te quiero aunque no lo sepas, aunque me tengas en el olvido.
Te quiero porque a tu lado supe encontrar mi camino.
Te quiero porque aunque te has ido siempre has seguido conmigo.
Te quiero aunque no deba quererte y te extraño aunque merezca un castigo.
Te quiero porque a tu lado mis manos gritaban destino.
Te quiero aunque te hayas ido y no haya encontrado el olvido.

sábado, 27 de abril de 2013

Lluvia de recuerdos


          La época de lluvias me trae tantos recuerdos. Remembranzas lejanas. Muy lejanas. De mi adolescencia, pero marcadas fuertemente en mi piel. Momentos que con sólo oler la tierra mojada, regresan a mí.
         Estoy sentada en el balcón y veo las gotas caer. Mi mente vuela y de repente soy de nuevo una estudiante de bachillerato. Camino por el pueblo de regreso a casa, soñando despierta, queriendo futuro. Sintiendo la humedad en mi piel y adorando los días grises.
         Una sonrisa se pinta en mis labios. Ja. ¡Qué tiempos tan maravillosos! Mientras admiro la lluvia en los techos vecinos, llegan a mí canciones de mi pubertad. Los BackStreetBoys suenan como ayer y sus letras me trasladan a otros lugares, como si viajar en el tiempo fuera posible.
         La brisa baila frente a mí. La siento rozar mi piel, jugar con mis cabellos. Entonces recuerdo a Marco y su último beso aquella tarde lluviosa, cuando sus ojos tristes se despidieron de mí antes de regresar a España. ¡Qué inocente y enamorada era! El nuevo milenio estaba haciendo de las suyas para ese entonces.
         ¿Cómo puedo recordar tantas cosas del pasado y ser tan difícil acordarme de momentos actuales? La lluvia salpica mi cara y sonrío feliz. Es el año 2013 pero mi mente está atrapada, en momentos como este, en finales de los 90- inicios del 2000. ¡La mejor época!
         ¿Cómo no recordar cuando, mientras sonaba la lluvia en el techo, yo leía aquellas revistas españolas que conseguía en el viejo quiosco y soñaba con conocer a los artistas que ahí aparecían y vivir historias como las que en esas páginas relataban?
         La lluvia me devuelve a mi tiempo de adolescente. Cuando apenas descubría gustos, reacciones y soñaba con crecer. La lluvia me llena de recuerdos con tan sólo su olor. Los días grises me demuestran que todo lo que soñé por esos tiempos, hoy se va realizando y que, aunque adoro los días tristes, siempre tengo el poder de convertirlos en sonrisas.
         Porque sí, me sucede, que siempre me llueven los recuerdos.

viernes, 12 de abril de 2013

Crónica de una afectada


          El día está muy caluroso. Debe hacer unos 34º aquí afuera. Salgo de una tienda de computación dispuesta a tomar un taxi que me lleve a casa con esta caja que me hace sentir torpe.
         No tardo mucho en abordar uno y el conductor me mira, intentando adivinar qué llevo en la caja. “¿Qué aparato es?”, pregunta y me muevo incómoda en el asiento. Le contesto que es parte de mi computadora y continúa manejando.
         Como la situación en mi país no es nada segura, le marco al teléfono de mi hermana y le digo que voy de regreso a casa en un taxi. Me aseguro de decirlo en voz alta para que el conductor me escuche. Suena paranoico, pero hoy en día hay que prevenir, pues no sabes con qué te encontrarás en la calle.
         El chofer advierte mi posición defensiva y comienza a sacarme conversación (cosa que no es nada raro en los taxistas).
-¿Cómo te preparas para las próximas elecciones? – me pregunta.
-Bien, apostándole al cambio. – respondo, realmente esperanzada. Él me mira por el retrovisor y se ríe.
-¿Votaste por el cambio la vez pasada?
-Sí, claro. ¿Y usted?
-Yo sigo con la revolución. – me dice, orgulloso.

      Sonrío. No le digo nada para evitar tener una conversación. Miro a través de la ventanilla durante todo el camino, pero justo en la entrada a mi ciudad el tráfico está trancado, por lo cual toma una vía alterna que nos obliga a pasar por una de las obras que está realizando su bando político.
-Qué bonito va a quedar este hospital. – me suelta, mientras mira por el retrovisor en busca de mi respuesta.
-Sí, la verdad es que es tremendo proyecto.
-¿Ves? Te gustan las cosas que hacemos, ¿por qué entonces votarás en contra? Si gana tu candidato, no podrán seguir haciendo estas cosas.
-No se deje engañar, señor. – le digo, sonriendo.- Eso ha quedado aclarado. Lo que funciona bien, seguirá funcionando bien.
-No, hija. Me gustaría poder adelantar todo y que vieras cómo van a entregar nuestro país.
-Señor, nuestro país tiene muchas carencias. Necesita un verdadero cambio. Yo soy una de las tantas afectadas por todas las locuras que aquí suceden.
-Locuras, ¿como por ejemplo? – me dice sonriente. Supongo que pensó que no sabría responderle o que le diría tonterías de fanáticos.
-¿Por ejemplo? – suspiro – por ejemplo, que mi padre perdió su empleo porque el gobierno cerró la empresa donde trabajaba y no tuvo un pago justo por tantos años de servicio debido a que el Ministerio encargado resolvió no tomar decisiones hasta que el gobierno diera la orden, cosa que nunca llegó y, por ende, le dieron una miseria. Por ejemplo, que perdimos la casa donde vivíamos cuando empezó todo acerca de las leyes de alquiler. Por ejemplo, que vivimos arrimados por meses, comiendo apenas lo que podíamos comprar con los pequeños ahorros de mi padre, porque éste no conseguía empleo, y mucho menos yo. Por ejemplo, que tuve que pedir una ayuda en una alcaldía para poder pagar la universidad. Por ejemplo, que mi tía fue herida de bala por estar sentada frente a nuestra casa, gracias a la violencia desatada. Por ejemplo, que perdí a uno de mis mejores amigos y a un ex novio porque los mataron para robarles sus pertenencias. Por ejemplo, que no ejerzo mi carrera porque no creo que escribir bien para un bando u otro sea ético. Lo mío es informar de verdad. Por ejemplo, que he dejado de hablarle a muchas personas porque tenemos ideologías distintas y no hacen más que insultarme por no apoyar algo que me ha afectado tanto. Por ejemplo, que este aparato que llevo aquí, lo dañó un bajón de luz debido a que no se controlan los servicios. ¿Cree que puedo apoyar lo mismo que usted apoya luego de todo eso?
-¿Por qué no te acercas a ellos y les comentas lo que te ha sucedido? Tienes mucho potencial y seguramente ellos podrán ayudarte, darte empleo, solucionarte los problemas. – me dice, con un rastro de vergüenza en la voz.
-Señor, ¿cree que no lo he hecho? En todos estos años, todas esas cosas han sido ignoradas. No puedo apoyarlos porque tengo razones de peso para no hacerlo.
-Tienes razón. Tienes muchos motivos para no apoyarnos. – me dijo, bajando la mirada y con una humildad increíble.

Señores, sé que hoy en día es muy difícil entablar conversaciones entre personas de distintas ideologías porque, queramos reconocerlo o no, la mayoría de ellas siempre terminan en discusiones e insultos. Sin embargo, contándoles esto que me sucedió ayer, quiero demostrarles que sí se puede, que podemos volver a ser hermanos.
Cada uno de nosotros tiene un motivo para votar a favor o en contra. Cada uno ha vivido y sentido en carne propia todas las situaciones del país. Respetemos el derecho a elegir y pensemos en nuestro futuro.
Yo estoy en contra por mis razones. Seguramente alguien está a favor porque ha recibido ayudas. La verdad es que lo único importante hoy en día es no dejarse llevar por fanatismos, no votar porque uno es bonito y otro feo o porque uno grita más que otro. Lo realmente relevante es ejercer nuestro derecho y decidir si continuar o buscar un cambio para nuestra situación.
Nuestro país, este domingo, estará en nuestras manos. ¡Todos a votar!  


martes, 2 de abril de 2013


Si pudiera escogerse el amor platónico…
Serías tú en mi primera plana.
Serías tú bajo este cielo azul e incoloro.
Sería de vuestra merced el nombre que a mi voraz mente llegase de primero en la carrera de mer de noms desde los mares desérticos,
Desde planos surreales,
Desde poemas luminosos hasta claroscuros en cánticos.
Tú.
Tú y tu silueta.
Tú y la tres veces Luna.
Tú y tu manto azul.
Tú, como en mí ninguna.
Desde ese viaje de mariposas a sus no sé si vacaciones. Pero por montones estás en mí, grabada en imagen y en letras. Esperando por la fonética andaré.
Una y otra vez, sin terminar ni comenzar.


PD: Este pequeño mar de letras lo ha escrito mi amigo InduMara Barrero para mí. Ha llenado mi día de emociones, así que lo comparto a modo de agradecimiento. 
Gracias por tanto amor de parte de cada uno de ustedes.
:)


"Te extraño mucho y dejarte ir fue difícil. Sé que siempre pensaste que me hacías mal, pero la verdad es que me hacías feliz y ahora no estás".