Los
amores de hoy en día se me hacen muy extraños. Hay quienes a la semana dicen
“te quiero”, otros que creen que se ganan a una mujer sólo sacándola a pasear,
muchos se relajan luego de ver que les corresponden y terminan perdiendo a esa
persona.
Eso no es lo que yo busco. Y culpo a
los libros, a las películas y a mi sensibilidad de creer que existe algo más,
de esperar por ese hombre “superior al hombre normal”, como lo diría un amigo.
No sé si esté bien o mal. Luego de ver
una charla de una psicóloga chilena que hablaba acerca de las relaciones, todo
ha cambiado. Creí siempre que continuar esperando por alguien que tuviera todas
las características que busco (o al menos la mayoría) sería lo ideal, sin
embargo, luego de oír lo que ella dijo, estoy aprendiendo a aceptar cosas
diferentes.
Ella se refería a que no debemos poner
a competir a una persona real con ese perfil perfecto que nos hemos creado en
nuestra mente, porque, obviamente, el real saldrá perdiendo y nos sentiríamos
insatisfechos. Y tiene toda la razón. Amar, amar de verdad, es aceptar también
lo que no te gusta de esa persona.
Pero sigue habiendo cosas que no veo
como normales y que me siguen impidiendo entregar el corazón. Por ejemplo,
siempre he querido a alguien que me trate cariñoso, que siempre tenga algo
bonito que decirme, un detalle que por más pequeño que sea, me demuestre que le
importo, que quiere ganarme, que le interesa que sea feliz.
Un hombre que esté dispuesto a que el
mundo se entere a quién pertenece su corazón, que no tenga problemas en luchar
por lo que desea, que se entregue tanto como lo haría yo.
Alguien que me vea como su mejor amiga
y que sea él mi mejor amigo. Ese que te oye, aconseja, apoya, una especie de
cómplice. Ese hombre que no baja la guardia, porque tiene claro que si no lo
hace él, lo hará otro.
Esa persona que cuando tienes un mal
día, te lo llena de luz con su amor. Ese que quiere hacerte sentir bien, feliz,
querida, no por demostrar algo, sino porque tu felicidad es la suya.
Y tal vez es por eso que exijo
demasiado, por pensar que el hombre perfecto de mi mente saldrá a la realidad.
Y ese, precisamente, es el motivo por el cual continúo peleando en contra del
mundo al lado de la soledad.
Pero para vivir en una relación donde
todo se me torne extraño, donde no me den seguridad, donde no me sienta a
gusto, es mejor seguir el camino aceptando y mirando al frente, porque después
de todo, la felicidad está dentro de nosotros.
Podemos aceptar los defectos de otros y
las cosas que faltan, por supuesto. Pero no estoy de acuerdo en no estar a
gusto. Ese amor idílico que tanto he soñado sé que existe y que en el momento
correcto, lo tendré.
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