Siento no poder regalarles esta vez un cuento de esos que a ustedes les gustan. Esta entrada es para disculparme con muchas personas a las que he olvidado un poco en los últimos días.
Sé que lo más normal sería que le escribiera a cada una para pedirles perdón, pero aún no sé ser hipócrita.
Entonces, mejor les digo aquí mis razones y mis faltas, al final eso era lo que quería, disculparme públicamente.
No han sido unos días buenos para mí, como algunos de ustedes lo saben. Entre estrés, problemas y demás situaciones que no vienen al caso mencionar, mi vida se desestabilizó un poco.
Sé que muchos de ustedes estuvieron, están y seguirán estando ahí para oírme, aconsejarme y también regañarme por mis errores. Pero ahí es donde se encuentra el motivo de mi distancia: no quiero más de eso.
Admiro mucho a uno de mis mejores amigos porque tiene una habilidad enorme para patear las frases cliché. En estos días no he querido ser él, he preferido no oírlas.
Y sí, sé que ustedes también me han necesitado y por eso pido perdón. Pero no podría ayudarlos a ustedes si a veces no puedo ayudarme a mí misma.
A muchos he dejado de verlos, no porque no quiera, sino porque a veces no he podido o, como la mayoría, no me proponen lugares a los cuales podría agradarme ir.
A una persona triste no le gusta ir a un sitio lleno de gente a oírlos borrachos. O al menos a mí no y no es mi manera de levantarme. Por eso me duele también que tras años de amistad no conozcan esa parte de mí y me consideren alguien que “saca el cuerpo”, por decirlo de manera decente.
Todos hemos tenido problemas y nos apoyamos hasta donde pudimos. Gracias por eso, de corazón.
Por otro lado, hay a quienes no les atiendo llamadas ni mensajes. De nuevo: perdón. Estoy en esa etapa en la que no quisiera hablar con gente que sé me dirán lo mismo. De hecho, siento que empiezo a odiar enviar mensajes y hablar por teléfono.
Y no, para mí alejarme no es la manera de pedir atención. Es la manera de decir: déjenme extrañarlos.
Los llevo muy dentro de mi corazón y ustedes lo saben. Saben que siempre he estado en las buenas y malas, y de la misma manera muchos de ustedes saben que mi manera de recuperarme es huyendo del mundo. O al menos de algunas personas.
Escribo esto porque quiero que sepan que les deseo de verdad unas felices fiestas. Que este año significó mucho para mí gracias a ustedes, quienes le dieron color a mis días y un significado diferente a cada momento.
Son los mejores, no en vano son mis mejores amigos.
Gracias por todo el apoyo que me han dado. Gracias por oírme, leerme, regañarme, levantarme, emborracharme, quererme y apoyarme en todas y cada una de las locuras que se me ocurren a diario.
Los extraño, pero no los quiero de nuevo diciéndome qué hacer. Quiero cometer errores y volver a perder mis dientes con el asfalto.
Entonces, algún día, en vez de decirme: te lo dije, yo les diré: me lo dijeron.
Amigos, son los mejores del mundo y los adoro con todas mis fuerzas. Sobre todo Marco, Alfonzo, Nayibe y Ernesto.
Perdón por a veces ser demasiado yo, pero en algún momento regresaré.
Extráñenme y no me odien.






