martes, 7 de mayo de 2013

Te quiero


Te quiero aunque no pueda decírtelo.
Te quiero porque tarde nos damos cuenta de cuánto somos capaces de sentir.
Te quiero porque no te tengo y tal vez nunca te tuve.
Te quiero porque te siento fuerte en mis latidos.
Te quiero porque te miro y siento que aún tengo vida.
Te quiero aunque no lo sepas, aunque me tengas en el olvido.
Te quiero porque a tu lado supe encontrar mi camino.
Te quiero porque aunque te has ido siempre has seguido conmigo.
Te quiero aunque no deba quererte y te extraño aunque merezca un castigo.
Te quiero porque a tu lado mis manos gritaban destino.
Te quiero aunque te hayas ido y no haya encontrado el olvido.

sábado, 27 de abril de 2013

Lluvia de recuerdos


          La época de lluvias me trae tantos recuerdos. Remembranzas lejanas. Muy lejanas. De mi adolescencia, pero marcadas fuertemente en mi piel. Momentos que con sólo oler la tierra mojada, regresan a mí.
         Estoy sentada en el balcón y veo las gotas caer. Mi mente vuela y de repente soy de nuevo una estudiante de bachillerato. Camino por el pueblo de regreso a casa, soñando despierta, queriendo futuro. Sintiendo la humedad en mi piel y adorando los días grises.
         Una sonrisa se pinta en mis labios. Ja. ¡Qué tiempos tan maravillosos! Mientras admiro la lluvia en los techos vecinos, llegan a mí canciones de mi pubertad. Los BackStreetBoys suenan como ayer y sus letras me trasladan a otros lugares, como si viajar en el tiempo fuera posible.
         La brisa baila frente a mí. La siento rozar mi piel, jugar con mis cabellos. Entonces recuerdo a Marco y su último beso aquella tarde lluviosa, cuando sus ojos tristes se despidieron de mí antes de regresar a España. ¡Qué inocente y enamorada era! El nuevo milenio estaba haciendo de las suyas para ese entonces.
         ¿Cómo puedo recordar tantas cosas del pasado y ser tan difícil acordarme de momentos actuales? La lluvia salpica mi cara y sonrío feliz. Es el año 2013 pero mi mente está atrapada, en momentos como este, en finales de los 90- inicios del 2000. ¡La mejor época!
         ¿Cómo no recordar cuando, mientras sonaba la lluvia en el techo, yo leía aquellas revistas españolas que conseguía en el viejo quiosco y soñaba con conocer a los artistas que ahí aparecían y vivir historias como las que en esas páginas relataban?
         La lluvia me devuelve a mi tiempo de adolescente. Cuando apenas descubría gustos, reacciones y soñaba con crecer. La lluvia me llena de recuerdos con tan sólo su olor. Los días grises me demuestran que todo lo que soñé por esos tiempos, hoy se va realizando y que, aunque adoro los días tristes, siempre tengo el poder de convertirlos en sonrisas.
         Porque sí, me sucede, que siempre me llueven los recuerdos.

viernes, 12 de abril de 2013

Crónica de una afectada


          El día está muy caluroso. Debe hacer unos 34º aquí afuera. Salgo de una tienda de computación dispuesta a tomar un taxi que me lleve a casa con esta caja que me hace sentir torpe.
         No tardo mucho en abordar uno y el conductor me mira, intentando adivinar qué llevo en la caja. “¿Qué aparato es?”, pregunta y me muevo incómoda en el asiento. Le contesto que es parte de mi computadora y continúa manejando.
         Como la situación en mi país no es nada segura, le marco al teléfono de mi hermana y le digo que voy de regreso a casa en un taxi. Me aseguro de decirlo en voz alta para que el conductor me escuche. Suena paranoico, pero hoy en día hay que prevenir, pues no sabes con qué te encontrarás en la calle.
         El chofer advierte mi posición defensiva y comienza a sacarme conversación (cosa que no es nada raro en los taxistas).
-¿Cómo te preparas para las próximas elecciones? – me pregunta.
-Bien, apostándole al cambio. – respondo, realmente esperanzada. Él me mira por el retrovisor y se ríe.
-¿Votaste por el cambio la vez pasada?
-Sí, claro. ¿Y usted?
-Yo sigo con la revolución. – me dice, orgulloso.

      Sonrío. No le digo nada para evitar tener una conversación. Miro a través de la ventanilla durante todo el camino, pero justo en la entrada a mi ciudad el tráfico está trancado, por lo cual toma una vía alterna que nos obliga a pasar por una de las obras que está realizando su bando político.
-Qué bonito va a quedar este hospital. – me suelta, mientras mira por el retrovisor en busca de mi respuesta.
-Sí, la verdad es que es tremendo proyecto.
-¿Ves? Te gustan las cosas que hacemos, ¿por qué entonces votarás en contra? Si gana tu candidato, no podrán seguir haciendo estas cosas.
-No se deje engañar, señor. – le digo, sonriendo.- Eso ha quedado aclarado. Lo que funciona bien, seguirá funcionando bien.
-No, hija. Me gustaría poder adelantar todo y que vieras cómo van a entregar nuestro país.
-Señor, nuestro país tiene muchas carencias. Necesita un verdadero cambio. Yo soy una de las tantas afectadas por todas las locuras que aquí suceden.
-Locuras, ¿como por ejemplo? – me dice sonriente. Supongo que pensó que no sabría responderle o que le diría tonterías de fanáticos.
-¿Por ejemplo? – suspiro – por ejemplo, que mi padre perdió su empleo porque el gobierno cerró la empresa donde trabajaba y no tuvo un pago justo por tantos años de servicio debido a que el Ministerio encargado resolvió no tomar decisiones hasta que el gobierno diera la orden, cosa que nunca llegó y, por ende, le dieron una miseria. Por ejemplo, que perdimos la casa donde vivíamos cuando empezó todo acerca de las leyes de alquiler. Por ejemplo, que vivimos arrimados por meses, comiendo apenas lo que podíamos comprar con los pequeños ahorros de mi padre, porque éste no conseguía empleo, y mucho menos yo. Por ejemplo, que tuve que pedir una ayuda en una alcaldía para poder pagar la universidad. Por ejemplo, que mi tía fue herida de bala por estar sentada frente a nuestra casa, gracias a la violencia desatada. Por ejemplo, que perdí a uno de mis mejores amigos y a un ex novio porque los mataron para robarles sus pertenencias. Por ejemplo, que no ejerzo mi carrera porque no creo que escribir bien para un bando u otro sea ético. Lo mío es informar de verdad. Por ejemplo, que he dejado de hablarle a muchas personas porque tenemos ideologías distintas y no hacen más que insultarme por no apoyar algo que me ha afectado tanto. Por ejemplo, que este aparato que llevo aquí, lo dañó un bajón de luz debido a que no se controlan los servicios. ¿Cree que puedo apoyar lo mismo que usted apoya luego de todo eso?
-¿Por qué no te acercas a ellos y les comentas lo que te ha sucedido? Tienes mucho potencial y seguramente ellos podrán ayudarte, darte empleo, solucionarte los problemas. – me dice, con un rastro de vergüenza en la voz.
-Señor, ¿cree que no lo he hecho? En todos estos años, todas esas cosas han sido ignoradas. No puedo apoyarlos porque tengo razones de peso para no hacerlo.
-Tienes razón. Tienes muchos motivos para no apoyarnos. – me dijo, bajando la mirada y con una humildad increíble.

Señores, sé que hoy en día es muy difícil entablar conversaciones entre personas de distintas ideologías porque, queramos reconocerlo o no, la mayoría de ellas siempre terminan en discusiones e insultos. Sin embargo, contándoles esto que me sucedió ayer, quiero demostrarles que sí se puede, que podemos volver a ser hermanos.
Cada uno de nosotros tiene un motivo para votar a favor o en contra. Cada uno ha vivido y sentido en carne propia todas las situaciones del país. Respetemos el derecho a elegir y pensemos en nuestro futuro.
Yo estoy en contra por mis razones. Seguramente alguien está a favor porque ha recibido ayudas. La verdad es que lo único importante hoy en día es no dejarse llevar por fanatismos, no votar porque uno es bonito y otro feo o porque uno grita más que otro. Lo realmente relevante es ejercer nuestro derecho y decidir si continuar o buscar un cambio para nuestra situación.
Nuestro país, este domingo, estará en nuestras manos. ¡Todos a votar!  


martes, 2 de abril de 2013


Si pudiera escogerse el amor platónico…
Serías tú en mi primera plana.
Serías tú bajo este cielo azul e incoloro.
Sería de vuestra merced el nombre que a mi voraz mente llegase de primero en la carrera de mer de noms desde los mares desérticos,
Desde planos surreales,
Desde poemas luminosos hasta claroscuros en cánticos.
Tú.
Tú y tu silueta.
Tú y la tres veces Luna.
Tú y tu manto azul.
Tú, como en mí ninguna.
Desde ese viaje de mariposas a sus no sé si vacaciones. Pero por montones estás en mí, grabada en imagen y en letras. Esperando por la fonética andaré.
Una y otra vez, sin terminar ni comenzar.


PD: Este pequeño mar de letras lo ha escrito mi amigo InduMara Barrero para mí. Ha llenado mi día de emociones, así que lo comparto a modo de agradecimiento. 
Gracias por tanto amor de parte de cada uno de ustedes.
:)


"Te extraño mucho y dejarte ir fue difícil. Sé que siempre pensaste que me hacías mal, pero la verdad es que me hacías feliz y ahora no estás".

domingo, 31 de marzo de 2013

Te dejo libre


Te dejo libre.
Te dejo libre de mis pensamientos.
Te dejo libre de todas las veces que he pronunciado tu nombre deseando que vuelvas.
Te dejo libre de mis sueños.
Te dejo libre de todas las veces que he imaginado un nuevo inicio a tu lado.
Te dejo libre de todos los momentos en que deseo que todo esté bien con tu vida.
Te dejo libre de mis mensajes sin sentido, de mis disculpas sin respuestas.
Te dejo libre de saber que detrás de la pantalla alguien aún te piensa.
Te dejo libre de todos los conflictos y las heridas que causamos.
Te dejo libre de una historia inconclusa.
Te dejo libre de las veces que miraba el reloj e imaginaba que despertarías.
Te dejo libre de tener que soportar una vez más mis frases sin sentido.
Te dejo libre de pensar que me encontrarás un día en la calle, pues ya no creo en el destino.
Te dejo libre de mí.
Te dejo libre de mi esperanza.
Te dejo libre de alguien que sólo quería querer.
Te dejo libre y me libero yo también de este círculo que nunca cerramos… y nunca cerraremos.
Te libero y me libero hoy de las entradas en mi blog, y dejo libre la esperanza para que entre un nuevo amor.
Te dejo libre y te digo hasta siempre. Hasta siempre, mi amor.

jueves, 28 de marzo de 2013

Creer y perder


     Tenemos momentos en la vida en los cuales necesitamos que sean terceros quienes nos muestren realidades que nosotros no queremos entender. Eso me ha sucedido mucho últimamente, pero más que hablar de mí y de mis decisiones en este post, siento que debo hacerlo en general, pues a muchos de nosotros nos pasa, aunque no queramos admitirlo.
         Se trata de esas veces que queremos a alguien, nos enganchamos tanto que no vemos las señales que nos advierten que ese no es el camino correcto. Pero claro, aunque nos digan las cosas, no las procesamos hasta que tenemos el cerebro frío y el corazón a un ritmo normal.
         Leyendo mi blog favorito (Crónicas de una soltería anunciada http://cronicasdeunasolteriaanunciada.blogspot.com) me topé con un comentario de una lectora que le dice a la chica que muchas veces cuando todo se termina, nos preguntamos por qué insistimos en algo que ya de entrada sabíamos que no avanzaría.
         Ella dice que muchas veces nos vamos apegando más a una persona y le facilitamos el querernos “como nosotras necesitamos”. Le vamos dando facilidades, soportamos cosas, nos abrimos, pero cuando no avanza del límite que ya desde el inicio sabíamos que existía, entonces nos sentimos estafadas.
         Asegura que lo que sucede es que “creímos”. Creímos en que la otra persona cambiaría, en que se adaptaría más a la manera en que queremos que nos quieran, pero que no es más que una obsesión, pues esa persona ya nos había puesto los límites claros.
         ¿A cuántos nos les ha sucedido esto? Aunque algunos no intentamos cambiar a una persona en su manera de ser y sus valores, al menos pensamos que poniendo esfuerzo y amor éste va a cambiar su decisión y va a darnos lo que esperamos o de la manera como lo esperamos.
         Ese, señores, es un grave error. Aunque me ha sucedido, debo decir (porque lo he aprendido), que lo mejor es dejar que las cosas fluyan de manera natural, sin forzar nada, respetando la manera de cada uno ver y vivir las cosas y que, principalmente, debemos dejar claro lo que queremos en la vida, ver claramente las señales que nos envían y no insistir en cosas que claramente no van a tener futuro.
         La mayoría de las veces rodamos por el camino para poder aprender las cosas. Es nuestra manera de poder experimentar y saber qué está mal y qué no. Así que si ya nos ha sucedido, a levantarnos y no volver a cometer ese error. Y si no, a respetar entonces las decisiones de los demás y a darnos un poquito más de valor, que seguramente llegará quien nos ame “así como queremos”.