viernes, 14 de diciembre de 2012

Amores extraños


         Los amores de hoy en día se me hacen muy extraños. Hay quienes a la semana dicen “te quiero”, otros que creen que se ganan a una mujer sólo sacándola a pasear, muchos se relajan luego de ver que les corresponden y terminan perdiendo a esa persona.
         Eso no es lo que yo busco. Y culpo a los libros, a las películas y a mi sensibilidad de creer que existe algo más, de esperar por ese hombre “superior al hombre normal”, como lo diría un amigo.
         No sé si esté bien o mal. Luego de ver una charla de una psicóloga chilena que hablaba acerca de las relaciones, todo ha cambiado. Creí siempre que continuar esperando por alguien que tuviera todas las características que busco (o al menos la mayoría) sería lo ideal, sin embargo, luego de oír lo que ella dijo, estoy aprendiendo a aceptar cosas diferentes.
         Ella se refería a que no debemos poner a competir a una persona real con ese perfil perfecto que nos hemos creado en nuestra mente, porque, obviamente, el real saldrá perdiendo y nos sentiríamos insatisfechos. Y tiene toda la razón. Amar, amar de verdad, es aceptar también lo que no te gusta de esa persona.
         Pero sigue habiendo cosas que no veo como normales y que me siguen impidiendo entregar el corazón. Por ejemplo, siempre he querido a alguien que me trate cariñoso, que siempre tenga algo bonito que decirme, un detalle que por más pequeño que sea, me demuestre que le importo, que quiere ganarme, que le interesa que sea feliz.
         Un hombre que esté dispuesto a que el mundo se entere a quién pertenece su corazón, que no tenga problemas en luchar por lo que desea, que se entregue tanto como lo haría yo.
         Alguien que me vea como su mejor amiga y que sea él mi mejor amigo. Ese que te oye, aconseja, apoya, una especie de cómplice. Ese hombre que no baja la guardia, porque tiene claro que si no lo hace él, lo hará otro.
         Esa persona que cuando tienes un mal día, te lo llena de luz con su amor. Ese que quiere hacerte sentir bien, feliz, querida, no por demostrar algo, sino porque tu felicidad es la suya.
         Y tal vez es por eso que exijo demasiado, por pensar que el hombre perfecto de mi mente saldrá a la realidad. Y ese, precisamente, es el motivo por el cual continúo peleando en contra del mundo al lado de la soledad.
         Pero para vivir en una relación donde todo se me torne extraño, donde no me den seguridad, donde no me sienta a gusto, es mejor seguir el camino aceptando y mirando al frente, porque después de todo, la felicidad está dentro de nosotros.
         Podemos aceptar los defectos de otros y las cosas que faltan, por supuesto. Pero no estoy de acuerdo en no estar a gusto. Ese amor idílico que tanto he soñado sé que existe y que en el momento correcto, lo tendré. 

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