lunes, 31 de diciembre de 2012

2012


          Me he sentado en mi no tan cómoda silla a pensar cómo realizaría este resumen que cada año me hace observar detenidamente lo que me sucedió durante los 365 días pasados. Esta vez me está costando, no porque haya sido poco lo que viví, sino porque mi memoria de pez ha empeorado y ahora es cruel, no me trae a la mente lo que deseo recordar, como si tuviera vida propia.
         Lo cierto es que entre risas, caras tristes y sentimientos de culpa estuve reuniendo algunos momentos que vale la pena reseñar acá. Por ejemplo, la curiosa manera cómo comencé este 2012 que se acaba hoy. En una cama, con la piel hecha un desastre gracias a una varicela que me atacó a finales del 2011.
         Eso hizo que mi enero se resumiese en sanar e intentar recuperar un buen aspecto. Pero dejando a un lado las apariencias y hablando de cosas más importantes, como los sentimientos, debo decir que inicié el año con miedo. Miedo a que fuese el último, a no ver cumplidas mis metas.
         Con el pasar de los meses, fueron llegando cosas nuevas a mi vida. Nuevos amigos, un nuevo empleo, nuevos conocimientos, nuevas metas, etc. Pero si debo ser sincera, este año fue de soledad.
         En el amor tuve varios intentos fallidos de volver a querer. Ilusiones, sueños, amores imposibles. Todos y cada uno me dejaron una enseñanza importante, lágrimas en los ojos y ganas de seguir el camino, sabiendo que al final me esperaba algo mejor.
         2012 fue un año en el cual aprendí a vivir el hoy. Sin pensar en el ayer, entendiendo que el mañana no existe. Dejé atrás rencores, dolores y todas esas malas vibras que me habían estado acompañando en los últimos años.
         Recibí oficialmente mi título. Compartí junto a mis compañeros en un acto muy emotivo. Mi primer título. El primero de los varios que espero obtener. Pero así como recibí ese nombramiento de licenciada, también decidí cambiarlo. Ir por algo más. Siento que ahora quiero ser más creativa, más libre, más yo. Lamentablemente en el país el periodismo hoy en día no es tan interesante como cuando quise estudiarlo.
         Lo cierto es que quiero reinventarme. Quiero explorar. Quiero salir a conocer el mundo y hallar ese pedacito de tierra en donde sienta que pertenezco. Sé que este 2013 será maravilloso, tengo muy buenos presentimientos.
         Este año que hoy nos queda en el recuerdo, perdí también a alguien importante. Fran. Mi amigo. Mi cómplice de muchos momentos. Saber que ya no seguiría entre nosotros fue realmente doloroso, pero sé que desde donde quiera que esté, nunca nos olvida. Así como yo nunca lo olvidaré a él.
         Lamentablemente debo decir también que fue una época en la cual me di cuenta de que en nuestro país las cosas van de mal en peor. La política nos ha consumido tanto que nos hace odiarnos, separarnos, irnos al fondo. Aún así, no pierdo la esperanza de que todo se recupere y podamos ver de nuevo a nuestra Venezuela libre y feliz.
         En cuanto a mi familia, me sentí mucho más unida a ellos. Con nuestras diferencias, problemas y demás situaciones normales, aprendimos a estar más juntos ahora que estamos separados.
         Viajé, conocí nuevos lugares, leí varios libros, vi muchísimas películas, aprendí cosas nuevas y crecí espiritualmente gracias a mis maestros wiccanos, a quienes les debo mucho y con quienes estaré eternamente agradecida.
         Para finalizar el año, sobreviví al apocalipsis zombie del 21 de diciembre (no es cierto, pero hubiese sido divertido). Una fecha más de fin de mundo a la que sobrevivo. Supongo que aún tenemos mucho que aprender acá.    
         También he conocido a alguien especial en los últimos meses. Una de las mejores personas que se ha cruzado en mi vida. Alguien que me ha enseñado que se debe caminar, no correr. Alguien que me ha soportado, me ha hecho reír, soñar, ilusionarme y tener nuevas metas en mi vida. 
         Por ahora, chicos, nos queda seguir recordando qué nos ha dejado este gran 2012 que pasa a la historia como el año en el que una nueva era comienza. Pero no sólo dejarlo en recuerdos, sino también analizarlos. Sacar lo mejor de ellos, echarlos a un lado y continuar. Vivir lo que tenemos ahora, valorar el hoy, sentir, reír, soñar, llorar, gritar, correr, explorar, ¡ser felices!
         Nos merecemos serlo. Nos merecemos estas 365 oportunidades que se nos vienen. Pero no para dejarlas pasar, mirando a través de un monitor. No. Salgamos al mundo, enfrentémoslo, vivamos. Vamos a disfrutar cada pequeña cosa que el Universo nos ofrece porque, después de todo, no sabemos en qué momento Los Mayas van a arrepentirse de no haber venido por nosotros y vengan a acabarnos, jajaja.
         ¡A vivir, queridos lectores!
         Hagamos de este 2013 nuestro mejor año.
         ¡Salud!


sábado, 29 de diciembre de 2012

Seamos cariñosos


Esto no es habitual en mí, pero siento que necesito escribir al respecto. Nunca he sido una persona que demuestre mucho sus sentimientos, ni me nace ser cariñosa con todo el mundo, pero hace algún tiempo lo vengo practicando, porque me gustaría ser distinta, ser mejor.
         Me gustaría poder abrazar sin miedos a no recibir un apretón de vuelta. Me gustaría decir un te quiero y recibir una respuesta genuina. Amaría poder decirle a todos mis seres queridos que los amo, y darle un beso en la mejilla sólo porque me nace hacerlo.
         Sin embargo, crecí en una familia donde ese tipo de gestos no es frecuente y, como todo ser humano que busca a un culpable en otros, yo se lo echo a mi crianza. Pero siento necesidad de cambiarlo.
         Cuando conozco a alguien nuevo, intento ser lo más cálida posible, sonreír mucho, como a menudo lo hago y expresar todo lo que siento. Abrazarle, tomarle de la mano, y cualquier gesto de cariño que me permita.
         Pero cuando no recibo confianza y cariño de vuelta, me bloqueo y me siento muy incómoda, porque siento que lo hago mal… cuando en realidad no tiene nada de malo.
         Y todo esto que les estoy contando es sólo para que se den una idea de por qué quiero pedirles este favor antes de que termine el año. Es normal que en estas fechas todos seamos amorosos, abracemos a las personas, les deseemos lo mejor. Algunos por hipocresía, otros por verdadero cariño.
         Lo que realmente quiero pedirles no es que lo hagan por estos días, sino que tomen las 365 oportunidades que nos trae este 2013 para darles cariño y amor a todos los que nos rodean.
         Chicos, estamos en este mundo hoy, pero no sabemos si estaremos aún acá mañana. Ni sabemos si esa persona a quien no le dijimos te quiero, a quien no besamos en la mejilla por temor a ser rechazados, seguirá a nuestro lado.
         No dejemos que las ocupaciones, el orgullo, el miedo, la falta de confianza, y demás tonterías nos impidan ser nosotros mismos. No dejemos que circunstancias ajenas nos repriman los sentimientos. Vamos a ser cariñosos siempre, vamos a expresarnos.
         Pienso que si queremos recibir cariño, debemos empezar por darlo. ¿Te preocupa la respuesta? ¡Inténtalo! Ve cómo te va, pero nunca te quedes pensando en un “qué si lo hubiese hecho”.
         Después de todo, yo pienso que las personas con apariencias más fuertes, las más secas, las menos expresivas, son las que más sienten dentro de sí mismos, pero sólo temen abrirse un poco. Pueden tomarme a mí como ejemplo. Y si alguien así te dice un te quiero o tiene un gesto cariñoso, ¡valóralo! Porque puede haberle costado mucho.
         ¡Disfrutemos del amor! No tendremos esa oportunidad todos los días.

martes, 25 de diciembre de 2012


A ti

Que no te conformas con pasearte diariamente por mi mente, sino que también das una vuelta por medio de mis letras, quiero que sepas que eres una de las mejores personas que conocí este año que está a punto de acabar.

Sonríe cuando leas esto, que tu sonrisa ilumina.


viernes, 14 de diciembre de 2012

Amores extraños


         Los amores de hoy en día se me hacen muy extraños. Hay quienes a la semana dicen “te quiero”, otros que creen que se ganan a una mujer sólo sacándola a pasear, muchos se relajan luego de ver que les corresponden y terminan perdiendo a esa persona.
         Eso no es lo que yo busco. Y culpo a los libros, a las películas y a mi sensibilidad de creer que existe algo más, de esperar por ese hombre “superior al hombre normal”, como lo diría un amigo.
         No sé si esté bien o mal. Luego de ver una charla de una psicóloga chilena que hablaba acerca de las relaciones, todo ha cambiado. Creí siempre que continuar esperando por alguien que tuviera todas las características que busco (o al menos la mayoría) sería lo ideal, sin embargo, luego de oír lo que ella dijo, estoy aprendiendo a aceptar cosas diferentes.
         Ella se refería a que no debemos poner a competir a una persona real con ese perfil perfecto que nos hemos creado en nuestra mente, porque, obviamente, el real saldrá perdiendo y nos sentiríamos insatisfechos. Y tiene toda la razón. Amar, amar de verdad, es aceptar también lo que no te gusta de esa persona.
         Pero sigue habiendo cosas que no veo como normales y que me siguen impidiendo entregar el corazón. Por ejemplo, siempre he querido a alguien que me trate cariñoso, que siempre tenga algo bonito que decirme, un detalle que por más pequeño que sea, me demuestre que le importo, que quiere ganarme, que le interesa que sea feliz.
         Un hombre que esté dispuesto a que el mundo se entere a quién pertenece su corazón, que no tenga problemas en luchar por lo que desea, que se entregue tanto como lo haría yo.
         Alguien que me vea como su mejor amiga y que sea él mi mejor amigo. Ese que te oye, aconseja, apoya, una especie de cómplice. Ese hombre que no baja la guardia, porque tiene claro que si no lo hace él, lo hará otro.
         Esa persona que cuando tienes un mal día, te lo llena de luz con su amor. Ese que quiere hacerte sentir bien, feliz, querida, no por demostrar algo, sino porque tu felicidad es la suya.
         Y tal vez es por eso que exijo demasiado, por pensar que el hombre perfecto de mi mente saldrá a la realidad. Y ese, precisamente, es el motivo por el cual continúo peleando en contra del mundo al lado de la soledad.
         Pero para vivir en una relación donde todo se me torne extraño, donde no me den seguridad, donde no me sienta a gusto, es mejor seguir el camino aceptando y mirando al frente, porque después de todo, la felicidad está dentro de nosotros.
         Podemos aceptar los defectos de otros y las cosas que faltan, por supuesto. Pero no estoy de acuerdo en no estar a gusto. Ese amor idílico que tanto he soñado sé que existe y que en el momento correcto, lo tendré. 

jueves, 6 de diciembre de 2012

Yo no

No uso relojes. No hago promesas. No escucho música de moda. No atiendo llamadas de números desconocidos. No me gustan las sorpresas. No veo sagas de películas. No discuto por celos. No le temo a mojarme en la lluvia. No uso tacones. No hablo mucho de mi pasado. No hago preguntas si temo por la respuesta. No me gusta dar primeros pasos. No digo un te amo sin sentirlo. No doy segundas oportunidades. No voy a discotecas. No veo novelas. No me gusta decir "para siempre". No me considero común. No disfruto del día tanto como la noche. No regalo mi corazón, se lo deben ganar. No me considero bonita. No como chicles.

Y no todo el mundo llega a conocerme.

viernes, 30 de noviembre de 2012


-No sé cómo voy a volver a confiar en alguien.- le dijo Cler a María, mientras encendía un cigarrillo para acompañar el frío de aquella velada.
-Confiar no es fácil, pero debemos hacerlo.- contestó María.- ¿Has visto acaso cómo funcionan las relaciones hoy en día? La gente aprende a fiarse con el tiempo.
-Por eso. Por eso siento que no confiaré. ¿Cómo comienzas una relación con una persona en quien no confías?
-Cler, no debes cerrarte. Son cosas que se ganan, poco a poco, no en un día. Te han roto muchas veces el corazón, ¿no es cierto?
-No alcanzaría a contarlas. Ya sabes, la suerte no se hizo para mí.
-Entonces hazte tú para ella.
-Seamos sinceras, María.- dijo mientras movía su cabeza como si se negase a entenderlo.- Echa un vistazo a tu alrededor: ¿cuántas parejas engañadas ves? ¿Sabe esa chica lo que hace su novio a sus espaldas? No. ¿Sabe ese señor sentado allá a la izquierda lo que hace su mujer mientras él trabaja? No. ¿Conoce esa mujer allá al fondo la verdad acerca de las “reuniones de trabajo” de su pareja? No. No. No. Entonces, ¿quién dice que no seré una más de esas engañadas?
-¿Quién dice que no? Tú eres de las que opina que no todas las personas son iguales, mucho menos sus relaciones. ¿Qué te sucede ahora?- soltó María, mientras le quitaba el cigarro de la mano, apagándolo en la cenicera.
-Tengo miedo a enamorarme. Eso me sucede. - miró al vacío, con una expresión de miedo.
-Estás enamorada.
-Argh. A veces me gustaría que no dijeras lo que percibes.
-Y a mí me encantaría que fueses más fuerte.
-Más inocente. Eso es lo que necesito ser.

domingo, 11 de noviembre de 2012


¿Alguna vez han tenido la sensación de que al expresar lo que sienten quedan totalmente expuestos, vulnerables, frágiles?
¿Han experimentado cómo el miedo se apodera de ustedes cuando no saben si la otra persona siente igual?
¿Han creado muros alrededor sólo por temor a que vuelvan a romperles el corazón?
Todos somos distintos, cada historia es nueva e impredecible, nada tiene garantías, pero expresar los sentimientos no es fácil.
Y tal vez… no es miedo a sentir y exponernos, es simple miedo a la respuesta que obtendremos.


martes, 23 de octubre de 2012

Mi cita ideal


Mi cita ideal sería poco elaborada, muy natural y cargada de sazón. El día comenzaría con una salida al súper juntos. Podríamos elegir lo que cocinaremos, combinar los sabores y tomarnos de la mano mientras escogemos lo que llevaremos. Al llegar a casa, servir un poco de vino sería perfecto y ¡a comenzar a cocinar!
Me gustaría que me enseñe a cortar las cosas y aproveche de abrazarme por la cintura, con calidez, mientras besa un poco mi cuello o me dice algo bonito al oído. Le pediría que me dejara concentrarme y jugaría a mancharle la nariz con la comida, para hacerlo un poco divertido.
Unos besos entre ingredientes caerían perfectos, mientras conversamos de algún tema interesante y recargamos las copas con un poco más de vino.
Cuando la cocina esté ardiendo y nuestra comida lista, podríamos brindar porque nos ha quedado deliciosa. Para cerrar dándonos un beso cargado de amor, porque lo que queremos comer no está en la estufa, son nuestros labios.
 Eso.
 Eso sería perfecto.

domingo, 21 de octubre de 2012

Un día en la piel de... un maestro


Un maestro es un escultor de futuros
Dedicación, compromiso y responsabilidad son tres palabras claves en la educación. Esta tarea humanística permite entrar en la mente y el alma de los niños

 “Maestra, ¿me ayudas con este problema?”, me dice Daniela, quien arregla sus pequeños lentes, luego de entregarme la hoja de un examen. Ella es uno de los 15 alumnos con los cuales compartí esa mañana en la escuela San Ignacio de Loyola, ubicado en Guanta, estado Anzoátegui.
La mayor parte de las mujeres de mi familia son licenciadas en educación, así que esta tarea no me resultaría muy difícil de realizar. Aunque a veces siento que no les tengo paciencia a los niños, verlos y compartir con ellos me llena de una ternura inexplicable y sin duda alguna eso se vio reflejado ese día.
         Desde la puerta del colegio hacia afuera parece ser una labor nada difícil: cuidar de unos cuantos niños, enseñarles lecciones y tener paciencia. Cuando te encuentras dentro del aula, notas la realidad: ser educador no es algo fácil.
         Educar es moldear, tal cual un escultor, pero en vez de crear figuras en barro, estás formando el cerebro de un niño. Un pequeño ser que será el futuro del país. Al pensar eso, un enorme peso cae en tus hombros.
         Luego del recibimiento, hacer las oraciones del día y comenzar con la primera clase, todo fue sonrisas. Los niños tienen un aura encantadora, y toda esa paciencia que creía necesitar se convirtió en ganas de orientarlos y compartir.
         Erikha Flores, maestra de tercer grado en esta institución, fue mi guía esa mañana. Mientras los chicos resolvían su examen de matemáticas, conversábamos acerca del día a día. “Enseñarlos es algo que amo, y mi mayor satisfacción es que ellos logren aprender las cosas”, me dijo mientras los miraba, concentrados en sus hojas.
         Verónica, una de sus pequeñas alumnas, me pidió ayuda varias veces para terminar uno de los ejercicios. “Tienes lentes, como yo”, me decía sonriendo. Yo era un mar de sonrisas.
         Erikha les pidió que me hablaran de una de las carteleras que tienen en el aula, la cual trataba del espacio.
-Yo me sé los nombres de todos los planetas- gritó Alejandro, emocionado.
-Eso lo aprendiste en la televisión- contestó otro de los niños.
-Mi abuela dice que ver televisión es malo- dijo Alejandro y todos empezaron a reír.
         Era sorprendente la manera tan rápida en la que respondían las preguntas de su examen, mientras hacían bromas diciendo que no se copiarían porque una cámara los estaba grabando y entonces la maestra los reprobaría.
         La educación de estos niños no sólo depende del maestro. Gran parte de lo que aprenden está a cargo de sus padres y el aula de clases no es el único lugar donde ellos deben realizar sus actividades e instruirse.
         Muchas veces, un maestro pasa a ser un amigo y los niños le toman cariño como si fuese un segundo padre o madre. “Algunas personas me preguntan de dónde saco paciencia, pero no la necesito, ellos son adorables”, me contaba Erikha, mientras los niños estaban en el receso.
         Algunos son más lentos que otros a la hora de aprender. Ahí es cuando se debe tener aguante y encontrar la manera de explicarle hasta que logre entenderte. Pero eso no es lo difícil de este trabajo.  
         Cuando te das cuenta de que eres el encargado de llevar por el buen camino a las personas que en un futuro sacarán un país adelante, es el momento en el cual ves la importancia de ser un profesional de la educación.
         Pero sin dudas es algo que se realiza con amor. Lo único que se respira en esos lugares es alegría. Cuando Verónica entendía lo que yo le explicaba, sentía que estaba en el lugar correcto, entregando un pedacito de mí para aumentar sus conocimientos.
         De eso se trata la vida: aprender para luego entregar los conocimientos. Después de todo, no tendría sentido conocer algo si no tienes a quien transmitírselo. Cuando sonó el timbre de salida fue muy triste, pero todos se despidieron de mí con cariños.
Hasta que uno de ellos me hizo querer regresar cada mañana luego de decirme: “Maestra, ¿puedes venir a ayudarnos mañana en el examen de inglés?”.

jueves, 11 de octubre de 2012

Irme lejos


Quiero irme lejos. A un lugar donde todo sea nuevo. Donde deba aprender una nueva cultura, una nueva gastronomía, un nuevo estilo de vida.
Quiero cambiar de manera de vivir. Ser alguien a quien todos desconocen y así poder mostrarme tal cual, sin máscaras ni poses, como siempre lo he intentado.
Quiero irme lejos. Dejar todo atrás y comenzar de cero. Sin recuerdos, sin pasado, sin nada que me ate. Llegar al lugar de mis sueños y recomenzar, tejiendo nuevos anhelos, nuevas metas, nuevas esperanzas.
Que cuando me pregunten a dónde pertenezco, diga a aquí, al ahora, a este preciso momento. Un lugar donde pueda dejar brillar mi piel y no esconder las heridas.
Quiero irme lejos y tal vez… tal vez ese lugar sólo está dentro de mí.


           Decidí esperar un poco a que pasara el despecho post electoral para poder redactar esto sin lágrimas en los ojos y con ganas de expresar sentimientos sin palabras feas.
         El mundo ya sabe el resultado de todo y yo, yo volví a quedar con el corazón roto y las ilusiones por el piso como lo comenté en mi anterior entrada. Sobre todo por ver cómo el futuro se me hace más oscuro. A mí, y a todos mis hermanos venezolanos.
         Una cantidad de personas eligió por todos y debemos vivir con problemas gracias a ellos. No hablaré de unidad, no diré lo que realmente pienso, sólo que sepan que ganas de luchar nunca faltan y que los problemas políticos no deben afectar toda nuestra existencia.
         Recuerdo que uno de mis escritores favoritos siempre hacía énfasis en que debíamos crearnos nuestro propio mundo y regalarle el caos a los demás. Supongo que eso es lo que haré de ahora en adelante, como siempre, con la frente en alto y persiguiendo mis sueños.
         Gracias a todos mis amigos de otros países por tanto apoyo y por cada uno de sus mensajes. Estaremos bien. Todos, no sólo Venezuela. Por ello, trabajemos en armonía con el Universo.

lunes, 1 de octubre de 2012

Cohibirse por seguidores indeseados

Si quieres saber cómo es la vida de un twittero que se autolimita por tener seguidores indeseados, mira este video :)

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Tengo miedo, Venezuela


         Tengo miedo. Y tal vez esa no sea la mejor frase para empezar este escrito ni éste tampoco el tema al cual estoy acostumbrada a escribir, pero es lo que siento en estos momentos con la actual situación de mi país.
         No sé mucho de política, sólo lo básico, pero creo que no hace falta ser el más estudiado en ese ámbito como para darse cuenta cómo ha cambiado todo y cómo nos vamos hundiendo un poco más cada día.
         Tengo miedo, Venezuela. Principalmente porque soy de ese tipo de personas que se ilusiona muy rápido y que le duelen el doble las caídas… y ya me ha pasado en otras ocasiones que pongo todas mis esperanzas en un nuevo camino y los sueños se me vienen abajo.
         Crecí viendo a mi país dividirse. Es increíble la manera en la cual nos odiamos por pertenecer a uno u otro bando. Es insoportable saber que allá afuera hay gente dispuesta a agredirte sólo porque piensas diferente.
         Ahora tenemos una oportunidad para reconstruir todo lo que se ha venido abajo. Un nuevo chance para abrazarnos como venezolanos y no como miembros de un partido político ganador, sino como hermanos, como lo que al final somos.
         Sin embargo, tengo miedo. Debo aceptar que intento ponerle mucha fe a este nuevo camino que se nos propone, de hecho, lo apoyo 100%, pero me da tanto desasosiego ilusionarme con que esta vez vamos a salir ganadores y que al final se nos den unos resultados contrarios y que todas esas metas por cumplir me las tiren a la basura.
         Ya me ha sucedido antes. Ponía toda mi fe en un candidato que prometía, parecíamos tener en nuestras manos un pase directo a una mejor Venezuela pero luego nos arrebataban esa fe, esas ganas. Y la sensación es indescriptible. Es como si estuvieses atrapado en un callejón sin salida y nada de lo que está alrededor te ayuda a encontrar la solución.
         Para muchos abandonar el país no es una opción, pues no debemos dejarlo, sino luchar por él, pero viendo tanta violencia, división, sangre, odio, pobreza e ignorancia, ¿a quién le quedan ganas de quedarse?
         Te quiero libre, Venezuela. Quiero que jóvenes como yo volvamos a tener la certeza de que podemos triunfar. Que pensemos en prosperar, en compartir unidos, en salir a la calle sin ese miedo de no regresar jamás.
         Te quiero bonita, mi Venezuela. Digna de ser admirada y visitada por el mundo entero. Que todos podamos decir que tenemos buena calidad de vida y que nadie se vaya a la cama con lágrimas en los ojos.
         Tengo miedo de no volver a verte así nunca. Tengo miedo de que el color gris siga inundando este país. Porque no, no lo tiñe el rojo, lo pinta el gris y cada día se hace más profundo.
         Tengo miedo a hacerme ilusiones de que esta vez sí podamos encontrar un camino. Aún así, saldré a luchar en estas próximas elecciones, con la frente en alto y las piernas temblando, esperando un resultado que nos puede cambiar la vida a todos.


                                                                                      

domingo, 9 de septiembre de 2012

Te espero


         Dicen que no debemos esperar que llegue el amor, y tampoco buscarlo. Que llegará en su momento, pero que no sabes cuándo será ese día, ni tenemos un poco de idea de cómo hacer para que se apresure.
         Pero yo te espero. Te espero paciente y te confundo. Siempre te confundo entre ojos oscuros y barbas cuidadas. Creo encontrarte entre ilusiones y promesas incumplidas.
         Sin embargo, me doy cuenta de que no, no eres tú, que te tardas, que te tengo lejos aún. Que esperarte es complicado y que buscarte me deja un vacío aún mayor que el que ya sentía antes.
         Me hago dueña de finales felices de cada libro que me devoro y los pondré en tus manos para que me ayudes a traerlos a la realidad. Pero no estás, y aún así conservo mi esperanza intacta.
         Y me arreglo el cabello y me pinto de rojo amor los labios para ver si cuando aparezcas me reconoces. Sacudo las penas de mi ropa y me calzo de esperanzas, creyendo que en algún momento inesperado nuestras miradas van a cruzarse.
         No te conozco, pero te extraño. Y sé que estás lejos, lejos, lejos. En sueños, construyo puentes para acercarme a ti. Para que un día quieras cruzarlos.
         Dicen que no debemos esperar al amor, pero yo me visto cada noche esperando que algún día seas tú quien quiera desvestirme.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Receta para ser feliz


        Hay días en los que tenemos el corazón hecho pedacitos pero no nos queda más que enfrentar la vida e intentar ponerle todo el pegamento posible a nuestros sentimientos para que no nos hagan perder más cosas en el camino.
         Pero, ¿cómo podemos lograrlo? Yo tengo una fórmula cliché: sonreír. Pero no sonreír de mostrar los dientes y listo, sino sentir que sale de ti. Hay una serie de cosas que podemos aplicar durante el día para intentar mejorar nuestros ánimos. Yo le llamo “receta para ser feliz” y aquí te la voy a contar.
         Comienza desde que abres los ojos. Lo que ves a tu alrededor tal vez no es lo que deseas: una cama vacía, una persona fría a tu lado, un lugar en el cual no estás cómodo, etc. Ignora eso. Respira profundo, agradece por estar viv@ y piensa positivo: hoy será un gran día. (Sí, debes creértelo).
         Arréglate. Ponte guap@ (o al menos inténtalo) y piensa que tu mejor prenda de vestir, tu mejor accesorio, tu mejor máscara, es tu sonrisa, forzada, falsa, o como te salga, pero sonríe.
         Da los buenos días en cualquier lugar al que entres. Las personas no siempre van a responderte, pero te sentirás bien por ser educad@ y no parecer un zombie más de la sociedad.
         Mientras vas al trabajo, universidad o a donde quiera que te dirijas, mira lo que hay a tu alrededor e intenta darle un valor a cada cosa. No, no a los edificios ni a los autos, sino a la naturaleza. Las nubes, el clima de este día, las montañas, los árboles, la brisa que corre y juega con tus cabellos.
         Realiza tus actividades de manera relajada. No hagas las cosas por hacerlas, sino para que queden bien hechas, si no, no tendrían sentido. Ponle amor a lo que creas, y si no te gusta, te fastidia, quisieras estar haciendo algo distinto, piensa en todas las personas que no tienen la oportunidad de realizar nada en esos momentos.
         Si te toca trabajar con el público, ármate de paciencia y no lleves esa película que creas en tu mente, asesinando personas, a la vida real. Imagina que estrangulas a quien quieras, pero sonríeles y dales un trato amable, que la ira no salga de tu mente y recibirás el mismo pago de vuelta.
         Cuando comas, disfruta de la comida, saborea cada cosa, valora cada bocado que llevas a tu boca y agradece por tenerlo. De regreso a casa, vuelve a disfrutar de lo que te rodea. Dicen que las personas sensibles ven lo que está a lo lejos y disfrutan más de los detalles, tal vez tú seas una de esas personas y puedas percibir lo que está más allá de tus narices.
         Una técnica que mi mejor amigo y yo siempre aplicamos es intentar adivinar la historia de las personas con las cuales nos topamos en la calle. Imagina cómo son sus vidas, cómo reaccionarían ante alguna situación o cuáles serán sus mejores recuerdos. Eso hará que te pongas en otros zapatos y aprendas a valorar el lugar en el cual estás ahora.
         Cuando de nuevo estés en casa, da amor a quienes te rodeen. A tus seres queridos siempre demuéstrales cuánto valen para ti, no sabes si los vas a tener mañana. Si debes solucionar algo, no lo dejes para otro día. Si has de decir algo, dilo. Si sientes que tienes que abandonar, abandona. Pero no postergues nada, el momento es ahora.
         Si aún tienes tiempo, realiza actividades que te gusten, te relajen o te hagan sentir mejor. Harán que sientas que tu día fue más productivo y también alejarán de ti las tensiones.
         ¿Suena como un día agotador? Es sólo porque estamos acostumbrados a ir por la vida sin detenernos a ver lo que hay alrededor, sin valorar las sonrisas y tratando a todos como mejor nos parezca, pero eso sí, queriendo que nos traten de la mejor manera posible cuando no nos lo ganamos.
         No es fácil, pero podemos intentarlo. Tal vez más adelante nos demos cuenta de que vale la pena, de que merecemos sentirnos mejor, de que el mundo entero nos necesita siendo mejores personas.
         Tal vez esta no sea la mejor de las recetas, pero se acerca mucho a lo que yo aplico cada día. Así que espero que sirva de algo y que de tanto hacernos creer que somos felices, al final lo logremos.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

26


      “Son tus 26 y no debes dejarlos pasar por alto”, me dije a mí misma esta tarde. Algo debía escribir, pero pisar esta edad no iba a ser un suceso más, sin importancia.
         ¿Por qué lo tomo de esta manera? Porque estoy en la segunda etapa de los maravillosos 20. Es como entrar en la mitad de esa época en la que debes quitarte el disfraz de joven para vestirte de adulto, maduro, serio, aunque por dentro sigas teniendo ganas de hacer locuras de adolescente.
         A los 26 la mayoría de las mujeres tienen un compromiso, se han casado o ya tienen hijos. Yo, en cambio, tengo una vida por delante para planear ese tipo de cosas. Mientras, sigo buscando a esa persona que aún pienso que no existe y continúo con mi idea de que no quiero traer niños a un mundo tan revuelto como este.
         Soy una persona impar hoy en día, aunque haya caído en una edad par. No sé si alguna vez volveré a ser dos, pero lo cierto es que mientras, paso de reuniones familiares donde me acosen para que me case o me presionen porque la edad se me está subiendo.
         Estamos en una nueva época, en la cual las mujeres tenemos mucha más libertad y nuestras prioridades están más basadas en superación personal y profesional que en encerrarse en casa a cuidar de una familia.
         He perdido un poco el camino, es cierto. Pero aquí sigo. Con un año más, esperando disfrutar de la vida, para continuar en el camino, esperando que algún día llegue ese alguien, y despojándome poco a poco de la ropa de joven inmadura.
         Tal como un tren que corre sin detenerse, mi vida va pasando de estación en estación y yo con estos 26 apenas me siento en primavera.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Trío amistoso


       Siempre fui de tener más amigos hombres que mujeres. Con ellos me sentía protegida, sin pensar en celos y evitaba chismes. Con el pasar de los  años, mi círculo de amigos se fue reduciendo, quedando a mi lado sólo los más importantes y verdaderos.
         Hoy soy la parte femenina de un trío amistoso, donde comparto con mis dos mejores amigos… o no, ellos en realidad son mis hermanos.
         Lo cierto es que en los últimos 8 años, nuestras ocupaciones nos han obligado a hacer de nuestras reuniones encuentros más casuales. Sé que a ellos no les gustará esta comparación, pero somos muy Sex and the city, sólo que en una versión más masculina y menos norteamericana.
         Cuando sentimos que debemos desahogarnos, una mesa repleta de comidas y bebidas se convierte en nuestro mejor escenario para exponer lo vivido en el tiempo en el que no nos hemos visto.
         Y eso fue lo que sucedió ayer y la razón por la cual estoy escribiendo esto. Es que ese día tocamos un tema para nada extraño entre nosotros: los desamores. Podría decirse que uno de ellos es muy femenino en cuanto a su manera de ver el amor, el otro, extremadamente masculino y yo… yo soy el punto medio que logra equilibrarlos.
         Uno cree que el amor ideal y de cuentos de hadas existe. El otro piensa que debemos hacer nuestra vida con alguien que si bien no nos hace la persona más feliz, al menos no nos da dolores. Y según mi punto de vista, debemos encontrar a alguien que aunque no represente al príncipe azul, sea quien te haga sacar lo mejor de ti.
         La situación es que analizábamos qué tanto podemos llegar a hacer por encontrar y mantener esa relación perfecta y las conclusiones no fueron nada alentadoras. ¿Qué es lo que está sucediendo con el amor? ¿Por qué se vuelve cada vez más difícil?
         Tal vez no es el sentimiento como tal, sino la manera cómo lo enfrentamos. Así que sentados en medio de una feria de comida, cabizbajos y con ganas de salir de nuestros límites, llegamos a creer que lo que necesitamos no son nuevos sentimientos, sino nuevas personas y nuevas maneras de ver la vida.
         Supongo que así es esto. Corres y corres por caminos distintos hasta que te das cuenta de que necesitas tener nuevos horizontes. Que ya te conoces estos. Que ya es hora de arriesgarte a buscar lo que no has tenido.
         Y como si de una terapia se tratase, al terminarse los tragos y los snacks, volvemos a la realidad para seguir enfrentando esto que llamamos vida, con la frente en alto y un trío de sonrisas ocultando las banditas en el corazón.

sábado, 4 de agosto de 2012

Comunicadores sociales en la era de la comunicación


         Hoy tomaré este espacio en mi blog para comentarles algo que no es muy el estilo al cual los tengo acostumbrados pero que me parece un tema muy interesante hoy en día, sobre todo para nosotros los comunicadores sociales.
         Conversando con las tantas personas con las cuales interactúo en la web, me topé con un chico que comenzó siendo muy simpático, para luego contarme que tenía una especie de guerra con los comunicadores sociales por tener diferentes opiniones.
         Al contarme de qué se trataba, la verdad me sentí ofendida. Él aseguraba que los comunicadores sociales hoy en día no son necesarios porque estamos en la Era de la Comunicación. Entendí su idea, mas no la compartí. Y ahí fue cuando comenzó una discusión que no tendría final.
         Decidí dejar todo por la paz y decirle que él tenía su manera de ver las cosas y yo la mía y como no cederíamos, era mejor finalizar la charla y continuar tranquilos. Sin embargo, decidió llamarnos ignorantes, pues alega que los comunicadores no sabemos de qué escribimos, que son los especialistas quienes deberían dedicarse a escribir.      
         Toco este tema principalmente para aclarar mi punto de vista, y también para dejar claro que nuestra labor no es tan fácil y tonta como la pintan hoy en día.
         Entiendo que en la actualidad, con esto de que todo el mundo tiene en sus manos la oportunidad de compartir información, puede parecer innecesaria la presencia de un comunicador social en la sociedad.
         No obstante, pienso que no se trata de que desaparezcamos de la faz de la tierra porque no somos necesarios, sino que debemos adaptarnos a esta nueva era. A la famosa Aldea Global, como diría McLuhan por allá en los años 60.
         Un comunicador social, como bien sabemos, no es más que una persona que emite una información a través de un canal, que sería el medio de comunicación. Pero para eso es necesario empaparse del tema a tratar. No es que escribimos y escribimos sin conocer, siendo ignorantes, como diría el chico. No tendría sentido escribir algo que desconocemos porque entonces no estaríamos dando un buen mensaje.
         Es cierto que un especialista podría hacer ese papel, ¿por qué no? Pero no todos tienen ese “don” para comunicar las cosas, entonces necesitan de un transmisor. Siempre he pensado que todos podemos comunicarnos, pero no todos saben hacerlo de la manera correcta.
         Y con esto no digo que sólo los comunicadores sociales sepan hacerlo. Incluso he conocido personas con profesiones totalmente distintas, capaces de exponer temas mucho más claros que un periodista.
         El punto es que si bien en la internet hoy en día podemos conseguir infinidad de información, estar empapados de todo lo que sucede en cuestión de segundos, no siempre sabemos si esos datos son verdaderos o correctos.
         Es ahí donde entra el papel del comunicador, encargados de validar y transmitir de manera veraz lo que sucede alrededor del mundo y ayudarnos no sólo a conocer más acerca de lo que nos rodea, sino también a hacerlo de la manera adecuada.
         Es válido recordar también que un comunicador social, señores, no es sólo alguien que lleva a sus manos la información, sino que también es un propiciador de soluciones, un profesional humanista, un orientador y, por supuesto, debe ser una buena persona.

viernes, 27 de julio de 2012

Marcha fúnebre


Esta historia la escribimos hace algún tiempo atrás. Recuerdo que estábamos sentados frente al mar, mirando la Luna y armando oscuras historias en nuestras mentes, para sacar adelante lo que era nuestro círculo literario. Quise compartirla con ustedes, espero que les guste.

“Eliza, la hija de una joven pareja, tocaba el piano en la sala de estar de la casa.
El padre miraba orgulloso a su niña y agradecía el prodigio de técnica de la pequeña.
En el cuarto superior estaba Diana, la madre de Eliza. Escuchaba cómo las notas se las llevaba el aire.
Diana lloraba viendo pasar toda la pútrida vida.
Las notas del piano le traían recuerdos y, al contrario de su esposo, no estaba orgullosa de oír a su hija.
La casa siempre parecía sombría.
La decoración nunca tuvo colores alegres.
Sin embargo, la sonrisa de Eliza podía iluminar el lugar.
A medida que la niña avanzaba en las partituras, avanzaban también las podridas imágenes en la mente de Diana.
Presa de la envidia, en su mente enfermiza, y con una percepción distorsionada de lo que la rodeaba, veía a Eliza con los ojos ahogados en celos.
No soportaba el amor paterno que su marido sentía por Eliza.
Tanto cariño la fastidiaba enormemente en su soledad.
Tanta falta de interés y aprecio de parte de él, la agobiaba en lo más adentro.
Llenaba de odio su alma.
Oscurecía más y más su corazón.
La llenaba de amargura y abatía su espíritu.
Un día, cuando las penas argumentaban la muerte más sucia y dolorosa, comprendió que toda la belleza que siempre quiso, se veía dibujada en el tierno rostro de su hija.
La noche, oscura como su alma, los sueños que se iban perdiendo poco a poco, las historias que nunca vivió, la obligaron a tomar una decisión nefasta.
Irrumpió en la sala, soltando el grito más profundo y aterrador.
De su bolso sacó un arma, acercándose a su hija.
El padre intentó detenerla, pero era tarde.
Diana había insertado un balazo, casi perfecto, en la frente de Eliza.
Entre llantos, gritos, agonía, se perdía poco a poco la hermosura de la niña.
Una marcha fúnebre inundaba ahora la sala.
Y Diana se convirtió en un ser aún más vacío, con más razones para odiar su maldita existencia”.

Por:

Alfonzo Castro.
Yasdelia Mongua.
Alejandro Arévalo.
Ray Noria.

Déjame


Déjame amarte sin límites, sin presiones, sin que importe nuestro alrededor.

Déjame sentir tus labios cada mañana, mirarme en tus ojos eternamente.

Déjame adherirme a tu piel para llenarla de fuego, hacer que en ella brillen mil estrellas de todos los colores.

Déjame saber qué piensas, sin miedos, sin esconder emociones, déjame saber quién eres realmente.

Déjame ganarme tu amor, que no importen las edades, las distancias, ni las ocupaciones.

Déjame mostrarte mi interior y regalarte mis sonrisas, permíteme hacerte feliz con mis detalles.

Déjame mostrarte mis sentimientos, esos que no conoces, que te oculto, que me encienden el alma cada vez que me abrazas.

Déjame ser yo y solamente sé tú.

Déjame saber que sientes lo mismo y viviré únicamente para llenar tu alma de felicidad.

lunes, 23 de julio de 2012

Los maravillosos años 90


       Siempre he amado hablar acerca de los años 90. Podría decir que fue maravilloso poder vivir mi infancia en ellos. Tengo muchos recuerdos hermosos y muchas cosas que extrañar, pero me ha tocado, como a todos los de mi generación, adaptarme a este salto enorme que ha dado la humanidad.
         No conocía la tecnología. Empecé escribiendo en cuadernos y dibujando todo aquello que me pasara por la mente. Mis mejores armas eran un bloc de notas y una caja de colores. Eso cuando apenas tenía unos 6 años de edad.
         Luego aparecieron los Atari. Dejé atrás eso de jugar a las escondidas y ver series animadas en las tardes por pegarme al televisor a manejar personajes apenas bien definidos en este nuevo aparato.
         Mi mascota virtual no moría si tenía a mano un lápiz para salvarla y la música corría y corría sin devolverla porque me daba flojera rebobinar un cassette.
         Siguieron pasando los años y las tardes sentada en el jardín de la casa, buscando caracoles entre las macetas con mis hermanas, pasaron a ser una adicción al Nintendo pues el maldito dragón no me seguiría impidiendo salvar a la princesa de Mario.
         Mis piernas cada vez tenían menos cicatrices pues cambié la pelota de goma y los retos a ganar muchos tazos por largas sesiones de series adolescentes que aumentaban mi pasión por el género de terror.
         Pokémon pasó a ser mi nueva obsesión y luego las revistas españolas con información de boy bands gringas que me quitaban el sueño. Cambié el lápiz y el papel por una máquina de escribir que me entumecía los dedos.
         Y las cartas dejaron de ser escritas a mano y cada vez fui recibiendo menos. Ya nadie me mandaba a decir que quería ser mi novio, ahora me pedían vernos en un lugar alejado de nuestras familias para poder besarnos y jugar a que nos comíamos el mundo con eso.
         Las visitas en la tarde a mis amigas con la excusa de vernos se convirtieron en llamadas nocturnas cuando comencé a tener teléfono. Ahora no tenía pretexto para no avisar por qué no llegaba a mis citas.
         Mi cabello comenzó a cambiar de colores y boté a la basura las sandalias para comenzar a usar zapatos de niño. Luego me tocó aprender a enviar mensajes de texto y hacer dibujos con los íconos era lo máximo para mí. Al igual que lograr mayor puntuación en el juego de la culebrita.
         Comencé a entender qué era tener novio de verdad y en un cibercafé aprendí lo que era un chat. Un par de gringos me enseñaron a subir fotografías a la web y probé eso de las citas a ciegas.
         Ya nadie me enviaba cartas de amor, ahora eran fríos mensajes de texto. Ya pocos lograban ver cómo era mi letra, todo pasó a ser electrónico. Mi agenda y mi discman se convirtieron en una computadora y un mp3. Mi cuerpo se hizo más gordo y mi mente cada vez más amplia.
         Los 90 llenos de vivencias se fueron y empezó una década de aprendizajes vorágines, de miedo a no sobrevivir al Y2K, de frialdad. Hoy en día no me termino de adaptar a tanta tecnología sustituyendo lo real, lo palpable, lo que hemos olvidado.
         Te extraño, década de los 90. Me ha tocado dejarte atrás muy de prisa.