viernes, 28 de enero de 2011

¿Preguntar o no?


Muchas veces tenemos miedo de enfrentar las cosas y es simplemente por una razón: no queremos una mala respuesta o reacción.
Hace días comentaba con un amigo lo difícil que es hacer preguntas que sabes que serán respondidas con algo que no te gustará escuchar.
Sin embargo, la curiosidad siempre nos gana y terminamos soltando una interrogante que hubiese quedado mejor en el estante de nuestra mente.
Pero, ¿por qué sucede esto?  Es, como dicen, ¿la curiosidad mató al gato?
Cuando no tenemos nada que ocultar, o la otra persona tampoco lo tiene, ese tipo de situaciones no suelen suceder.
Aun así, a veces caemos en la pregunta sin esperar siquiera una respuesta que pueda incomodarnos.
Pero, si dudas acerca de determinada cosa y sabes que no oirás lo que quieres, es porque definitivamente, algo no está bien.
Hay quienes se arriesgan. Hay quienes se callan ese tipo de cosas.
¿Qué sería lo mejor?
Lo mejor es no arrepentirse.
Si caíste en esa situación, enfréntala.
Si no, considera muy bien si es necesario arruinar la confianza o estabilidad sólo por una simple curiosidad.
Es una decisión tuya, sólo tuya.
Por ahí dicen que es mejor enfrentar los miedos, pero yo opino que es mejor no crear controversia y llevar las cosas por la sombra.
A veces, por cosas como esas, se pierde mucho.
Así que si es relevante o no, eres tú quien lo sabe y eres tú quien decide qué hacer, después de todo.


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