miércoles, 23 de mayo de 2012

El sabor del amor


-¿Me acompañas?- me dijo esa noche en la playa, y me llevó de la mano hasta sentarnos en la orilla.
-Cierra los ojos, por favor.
Obedecí sin dejar de sonreír, sintiendo la brisa del mar en mi rostro.
-Shhh, haz silencio. ¿Escuchas las olas? ¿Puedes oír el mar?
-Sí.- Le dije asintiendo y sin saber a dónde quería llegar.
-Los Dioses te dicen, a través del sonido del mar, que están presentes y que eres parte de ellos.
Sonreí. Él sabía perfectamente cómo hacer de ese momento algo especial.
-Respira profundo. ¿Sientes el olor de la playa? ¿Qué te transmite?
-Paz.- contesté, ya con ganas de abrazarlo.
Tomó mis manos suavemente y las colocó en la arena, la cual en ese momento estaba fría.
-Tócala, siéntela entre tus dedos. Es como si con ella los Dioses te dijeran que te dan firmeza y que aunque te hundas un poco, siempre podrás salir adelante.
No podía dejar de sonreír y una extraña sensación recorría mi estómago.
-Abre los ojos y mira el cielo. Con toda esa belleza delante de ti no puedes más que sentirte pequeñita, sin embargo, ninguna de esas estrellas se compara con tu luz.
Mis ojos se llenaron de lágrimas.
-No llores. Cierra los ojos de nuevo. Hay algo que debes probar. No será el mar, que ya sabes que es salado. Tampoco la arena, eso podría hacerte daño, y, desde luego, no puedes morder las estrellas. Pero quiero que pruebes un sabor que tal vez ya has sentido, pero que dices no recordar.
Quería preguntarle de qué hablaba pero con un beso silenció mi boca.
-Ese, hermosa, es el sabor del amor.

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